Posteado por: dubbia | Marzo 31, 2009

¿Carencia de imaginación?

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Los escritores de ciencia-ficción, y siento decirlo, realmente no sabemos nada. No sabemos hablar sobre ciencia porque nuestro conocimiento sobre ella es limitado y no oficial, y normalmente nuestra ficción resulta terrible.

Philip K. Dick

Primero fue Thomas More. También Rabelais. Mucho más tarde Bradbury, Asimov, Gibson, Golding, Heinlein, Dick, Ballard, Aldiss, Wells, Verne, Werber, Lem,… La extensa nómina de autores – que en muy diversas literaturas y tradiciones – con claro predominio anglosajón en el área – han abordado los géneros de anticipación o predicción – lo que ha venido incluyéndose en el indefinible y denostado género de la ciencia-ficción – se convierte – según tradicional, prestigiosa y divulgada opinión – en una reducida lista cuando hablamos de literaturas hispánicas. Sirva la misma o parecida afirmación cuando nos referimos a literatura fantástica o a la novela negra. En la lista anterior no hay españoles (tampoco italianos ni portugueses ni alemanes, ni…).

Más allá de la hiperdesarollada literatura pulp de quiosco o de los sobrevalorados superventas de pretencioso barniz pseudohistórico, grandes y reputados nombres de casi todas las literaturas se han atrevido con la ficción futurista, la novela de predicción, la fantasía ucrónica, o la anticipación apocalíptica – Atwood, Saramago, Sebald, Fast, Orwell, Huxley, Butler…-. ¿No ha ocurrido así en el ámbito hispano? Si así es, ¿hay algún motivo o explicación? ¿Un gen defectuoso? ¿Vicisitudes históricas? ¿El fracaso de la ilustración? ¿Extrañas coyunturas socioculturales? ¿O simplemente pasamos demasiado tiempo entre el bar y las tapas? No tranquiliza el que otras muchas grandes literaturas tampoco hayan producido obras de peso en estos ámbitos.

Entre las literaturas hispánicas, estos subgéneros - ¿populares? – poliédricos y dúctiles son a menudo una excepción, y eso cuando no se consideran un engendro de irreverente vulgarismo del que todo autor “serio” debe huir. Conocidas son las aproximaciones desacomplejadas y admirables de Borges o Cortázar en algunos de sus relatos, o de Bioy Casares en la imprescindible La invención de Morel, por citar algunos nombres conocidos y reconocidos. Precisamente, si algo se puede decir de la literatura hispanoamericana es que derrocha imaginación por todas sus letras y sus puntos. Es habitual, y relativamente fácil, reconocer una corriente fuerte de lo que se ha dado en llamar “soft sci-fi” en la literatura hispanoamericana – en oposición a la “hard-fiction” anglasajona, mucho más versada en los avances tecnológicos. Suele citarse a Somoza, del que nada he leído. Pero cuando de literatura española se trata, ah, amigos, la lista de famosos es mucho más breve.

Así, si dejamos aparte las entrañables y hoy casi olvidadas experiencias del Capitán Sirius y el Coronel Ignotus, o la inagotable y ya envejecida producción pulp de José Mallorquí o Pasqual Enguídanos – G. H. White -, la ciencia ficción española presenta un balance cuantitativamente poco alentador.

Entre los autores consagrados – o sea, de la literatura considerada “seria”, ¡qué horror! – , algunos destellos a finales del siglo XIX entre los que cabe citar cuentos de, atención, Unamuno (“Mecanópolis”), Azorín (“El fin de un mundo”) y Clarín (“Cuento futuro”). Menos conocidas son las novelas de Enrique Gaspar (El anacronópete) o Nilo María Fabra. Ya en el siglo XX, La nave, de Tomás Salvador o La bomba increíble, de Pedro Salinas. Por supuesto, Pedrolo. Y poco más. Y hoy día, y desde hace un par de décadas, una amplia nómina de escritores jóvenes – o no tanto -, algunos volcados en la literatura juvenil, que reinvindican y exploran esos géneros. Abundan los catalanes. Sierra i Fabra. Barceló. Rafael Marín. Además, los premios UPC e Ignotus y, desde 2004, el Minotauro. Y ya está. No es mucho, aunque algo es. ¿Será cierto que la literatura española tiende por naturaleza al realismo y huye de la fantasía, el misterio y la anticipación?

Uno es enemigo irrevocable de estereotipos y tópicos, así que será necesario explorar con detalle por qué la literatura española es poco dada a la producción fantástica. El desarrollo de la ciencia ficción en otros países durante el siglo XX fue fulminante y deslumbrante, y las circunstancias históricas no fueron amables con nadie, así que no deberían servir de excusa. ¿Explicaría la dictadura y la necesidad de un neorralismo social más o menos combativo la ausencia de un cultivo serio y riguroso de este género? ¿El destierro de la fantasía y los géneros “menores” de los estudios literarios tradicionales en universidades e institutos tendría algo que ver? ¿Es una cuestión de raza y espíritu nacionales? ¿Es porque comemos muchos mejillones y demasiada salsa brava? ¿Será el vino peleón? ¿Será un tópico más?

Stanislav Lem renegó de la ciencia ficción cuando ya andaba crecidito, la consideraba en sí misma vulgar y pueril, y hablaba de su propia Ciberíada más como apólogo o cuento filosófico que como sci-fi. Desde luego nadie catalogaría Solaris como pueril. Borges dijo de las Crónicas marcianas de Bradbury que en realidad nos hablaban del aquí y del ahora, que aquellos hombres del futuro somos nosotros. Eso debe de ser, supongo, la verdadera semilla de la ciencia ficción a la que merece la pena acercarse y que tan escasamente se ha prodigado en la lengua de Cervantes. Yo, por ahora, voy a leer La bomba increíble, y ya os diré.

* Algunos enlaces interesantes sobre el asunto:

http://dreamers.com/libroscf/

http://www.ttrantor.org/IniEntrar.asp

http://www.abast.es/~carlosg/cf&f/cf&f.html

http://www.ciencia-ficcion.com/bienvenida.html

* Leer “Cuento futuro” de Clarín, una distopía nihilista.

* Leer “Mecanópolis” de Unamuno (PDF).

Posteado por: dubbia | Marzo 27, 2009

Lejos de Veracruz

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Después de haber leído mucho de Vila-Matas, no todo, lamentablemente, siente uno un enorme placer rastreando los orígenes de su viaje metaliterario que tan lejos le ha llevado ya. La última estación que he visitado, antes de seguir mi trayecto hacia el pasado literario del autor barcelonés, ha sido Lejos de Veracruz, una joya más en la corona del “por qué escribo” y el “para qué sirve la literatura” en la que Vila-Matas ha engarzado ya muchos brillantes.

Enrique Tenorio escribe un diario que es continuación del que dejoó inacabado su hermano Antonio al suicidarse, y a la vez es una venganza contra Antonio y contra sí mismo, y una exploración de los motivos y rezones del acto de escribir – de algunos de ellos – y una confesión y un acto de contricción y de exposición de los propios demonios. Un anciano manco de veintisiete años, cansado de la horrenda vida verdadera – en palabras de Italo Svevo citadas por el narrador – se refugia en el rincón más solitario que es capaz de encontrar para continuar la obra interrumpida de su hermano, las memorias de los tres hermanos Tenorio: el pintor hipersensible, maltratado y medio demente, el orgulloso y paternalista autor de de libros de viajes que no viaja, y el joven rebelde que reniega de la cultura y del arte para convertir su propia vida en obra de arte, el viajero incansable en eterno perderse a sí mismo.

Viajar es perder países, como repite a menudo Vila-Matas, atribuyendo la frase, si mal no recuerdo, a Pessoa. Enrique pierde en el juego idiota de la vida, y se pierde  a sí mismo y en sí mismo y pierde países, y vuelve siempre derrotado y destrozado a Barcelona, sometido a las campanadas del viejo reloj que compró su madre en un anticuario de Berga y cuyo grabado reza “Quien me mira pierde el tiempo”. El tiempo, sí, otro de los temas de la novela.

Diario metaliterario, descenso a los infiernos personales y tal vez universales, trazas de novela negra, reflexión sobre la irremediable escisión entre la vida y el arte y entre el artista y los demás son los constituyentes de otra novela salpimentada con la fuerza y la garra del estilo de Vila-Matas, que tan bien siguió los consejos para crear novelas que Marguerite Duras le anotó en un pedacito de papel, tal y como explica en París no se acaba nunca. La literatura se configura como único refugio ante un devenir infernal y como, al fin, único y contradictorio viaje auténticamente real.

Posteado por: dubbia | Marzo 17, 2009

Volver

En El viento ligero en Parma, Vila-Matas escribió:

“la nostalgia del lugar enriquece mientras sigue siendo nostalgia. La recuperación del lugar añorado es la muerte”.

Por extraño que parezca, fueron esas palabras las que dieron nacimiento y fundamento a este blog.  Regresé a Barcelona después de viajar la variopinta geografía física y la absurda geografía humana durante  mucho tiempo.  Volvía desengañado del mundo. Busca en el regreso una especie de  consuelo. Algo de descanso. Un mullido final. Cándidamente, incluso la paz. Y una vez asentado, lo que sentí  fue la muerte.

La muerte. No como un dolor físico, no como enfermedad, no como amenaza o presentimiento, no como empatía con la muerte cercana que nos rodea o la lejana que nadie quiere ver. Sentí la muerte como una piscina helada de olvido, como un espejo negro en el que me miraba cada mañana.  Sentí la muerte porque me di cuenta simultáneamente de que no existen los viaje de vuelta y de que ya no tengo fuerzas para otro viaje de ida.  No se puede volver nunca.  Sólo se regresa a  la propia conciencia del dejar de ser, al vacío de la propia ausencia. Y por eso escribo otra vez. Por eso sigo leyendo más que nunca. Y por eso, en último término, supongo que necesito publicar parte de lo que escribo inmediatamente en este pozo sin fondo virtual. A sabiendas de que pocos lo leerán. Quizá porque pocos lo leerán.  Leer y escribir son otra vez mi nuevo, mi único,  y ahora mi último, viaje de ida. Tal vez muchos blogs respondan a esto.

Olvidó García Valdés escribió:  “Terminada la juventud / se está a merced del miedo”.  Tal vez todo se reduzca a esto.

Posteado por: dubbia | Marzo 10, 2009

Microrrelatos I: Dios nunca leyó a Nietzsche

Cuando volvió – no sin inquietud – la última página del libro, Dios pensó – con gélida y temblorosa certeza – que él, en realidad, no existía.

- ¡Qué cabrón!

Fue lo último que dijo antes de desaparecer con un gracioso “plop”.  Sobre la mesa yacía el libro – ya cerrado -, mostrando en la contraportada el rostro impasible,  anguloso y sañudo de Descartes.

Posteado por: dubbia | Marzo 7, 2009

Pitol cita a Canetti

Sergio Pitol transcribe en El Viaje una cita que Canetti escribió el día en que cumplía cincuenta y cinco años:

“Quiero aprender otra vez a hablar, a los cincuenta y cinco años: no se trata de aprender una nueva lengua, sino de hablar. Desprenderme de los prejuicios, aun cuando no quede otra cosa importante. Volver a leer los grandes libros, los haya leído o no. Escuchar a la gente, sin desear vencerla, sobre todo a la que nada tiene que enseñar. Dejar de pensar en el miedo como medio de consumación. Combatir a la muerte, sin dejar de llevarla en la boca durante todo el tiempo. Con un único lema: valor y honradez.”

Ahora que estoy alboreando edades frontera, me parece un perfecto proyecto vital.

Nota. De Canetti sólo he leído el delicioso y evocador Las voces de Marrakesh. No pude con Masa y Poder. Así que cedo la página con estos enlaces a quien podrá escribir más y mejor que yo:

Posteado por: dubbia | Marzo 3, 2009

Señal y Ruido

Este fin de semana disfruté de la lectura de Señal y Ruido, brillante y desazonante cómic de Nail Gaiman y Dave McKean que Astiberri trae a España unos diecisiete años después de su publicación original en el Reino Unido.

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Gaiman (Sandman) y McKean (Cages) explican la historia de un conocido director de cine – cuyo nombre nunca es revelado – al que le diagnostican un cáncer y le pronostican unos dos meses de vida. A pesar de lo absurdo – o no – que pueda parecer su reacción, ésta es negarse a sufrir prueba o tratamiento alguno y concentrarse en el guión de una película que nunca estrenará: la historia de un pueblo en el centro de Europa cuya población se reúne en la noche de San Silvestre del año 999 en la alto de la montaña cercana para aguardar el inminente Apocalipsis. Ante el fin del mundo, de su mundo,  de todos sus mundos, el protagonista y narrador busca una señal entre el ruido ensordecedor, inmenso e infinito de la nada, el horror, el absurdo, la muerte.

En un mundo-ruido que viene del silencio – la nada – y se dirige al silencio – el horror, tal vez el absurdo -, Gaiman nos presenta un personaje condenado y moribundo – pero lleno de dignidad y reflexión – en busca de una señal de que algo importa, en busca de un sentido ante el drama inevitable. El guión es sutil e inteligente, y Gaiman sabe asomarse – y asomarnos – al abismo sin fondo, a la más terrible de las dudas, a la más profunda de las inquietudes sin incurrir en aspavientos ni sentimentalismos – salvo en el innecesario epílogo – e invitándonos simultáneamente a la reflexión y a la emoción.  En el abismo sin fondo contemplamos como “el mundo siempre se está acabando para alguien” pero que eso al mundo le trae completamente al pairo. Sólo queda, si es que algo queda, lo que hacemos. Lo demás es ruido.

Pero este álbum no sería lo que es, y probablemente nos parecería casi tópico, si no fuera por la genial y perfecta interacción entre ese argumento y el inquietante y expresivo dibujo de McKean. Ilustraciones llenas de sugerencias que alternan orden y confusión, señal y ruido, claridad y caos , en perfecta consonancia con el desarrollo emocional del protagonista y el lento progreso de su inacabable guión – infinito en tanto nunca será completado por quien lo inició -. McKean nos provoca con sus expresivas composiciones, nos inquieta, nos incomoda y es probable que a algún potencial lector acabe repeliéndolo, pero, en mi humilde opinión de lerdo pictórico, logra lo que todo ilustrador de cómic debe buscar, o sea, que guión y dibujo se complementen y se potencien, enriqueciéndose y multiplicando sus lecturas y significados en una danza visual que embriague estética e intelectualmente al lector. Señal y ruido es, efectivamente, embriagador: una inolvidable e inquietante borrachera de ideas, sensaciones y sugerencias.

Posteado por: dubbia | Febrero 26, 2009

Cirlot II. “Niégate a ti mismo y síguete”.

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“Por eso el existente es un ser condenado a saber que dejará de ser, paradoja y contradicción insultante, origen de toda sublecacion contra lo-que-es” (J.E. Cirlot. Del no mundo).

La poesía de Cirlot tiene mucho, efectivamente, de sublevación y rebelión contra la discontinuidad del ser, contra la conciencia de la desaparación, contra la terrible verdad que es el abismo que rodea toda vida.  Es alzamiento y búsqueda a la vez intuitiva e intelectual, porque ambos – intuición e intelecto – son necesarios para hallar el oro en el abismo, la luz en la oscuridad. Así, la poesía de Cirlot es a menudo un acto religioso, una búsqueda desesperada de la luz entre los restos descompuestos de la vorágine, entre el abismo de destrucción que sitia al existir; una exploración entre épica y sagrada de los abismos que limitan el conocimiento y la espiritualidad y la vida humanas, un vagar con rumbo y cierta desesperación entre las ruinas del espacio y del tiempo, del ser y del no ser, del nacer y del renacer. Así, en su Orfeo puede permitirse darle la vuelta a la máxima griega y exigirnos una aparente paradoja que resume, en realidad, gran parte de la postura vital – y vitalísima – de Cirlot ante el mundo: “Niégate a ti mismo y síguete”.

En sus Oraciones a Mithra y Marte (1967) dice – o reza -: “el mundo en el que vivo no es el mío”, e invoca a los dioses de la guerra “para que estando herido / me convierta en sonido” y les ruega: “conviérteme en león / en fuerza que convence / raza / maza / amenaza”. El lenguaje, sonido y sentido, significante y significado, forma y sema, son las herramientas que enriquecen su búsqueda y, simultáneamente, se enriquecen con ella. La exploración profundiza en todos las direcciones posibles, y así Cirlot se zambulle en lo más profundo del sentido de la existencia pero también de las posibilidades de expresión y significación de la palabra poética. Palabra que se asoma “al espacio sagrario / al pozo / sollozo”.

Un texto que me parece especialmente significativo en esta constante búsqueda es el poemario con que culminó su ciclo de Bronwyn, La quête de Bronwyn. Aquí, al estilo de las antiguas “quêtes” – búsquedas – de los caballeros medievales, el poeta emprende el camino en pos de la divinidad que durante tanto tiempo ha personificado en la Bronwyn que Rosemary Forsyth interpretó en El señor de la guerra, de Shaffner. El poemario recuerda la estructura del Sir Gawain and the green night y otros textos medievales de búsqueda caballeresca y prueba de valor o de fe – cuya influencia también se manifiesta en el gusto del poeta catalán por el verso aliterativo anglosajón, el paralelismo o la reiteración -, y así encontramos el orden consabido de estas textos típicamente artúricos: presentación del caballero, la descripción de los paisajes y del camino durante la búsqueda, el encuentro con la dama/diosa, y la pérdida y transfiguración finales. Y como una letanía, se va repitiendo, “Bronwyn, y no tenerte ni en lo no”.

Y todo ello, obviamente, al más puro estilo Cirlot, es decir, con un lenguaje poético muy personal caracterizado por una letánica y rítmica sucesión de recursos fónicos, gramaticales y semánticos que lo visten, tanto formal como conceptualmente, de un barroquismo acorde a su intención, sentido y simbolismo. Los estremecedores versos finales de la búsqueda describen perfectamente lo que estamos diciendo.

“Pero tiene que haber sólo un instante
fijo en la eternidad de la pureza,
blanco en la soledad detu blancura,
Bronwyn, tú eres el centro de ese centro.

Por eso no abandono ni el abismo
que se parece a ti por la carencia,
que me mueve a buscar donde no hay nada
sino un ORDEN de letras e imágenes.”

En futuros posts hablaremos más extensamente del ciclo de Bronwyn, de otros poemarios de Cirlot o de los juegos fonéticos que tan lejos llevó. Un ejemplo, para ir cerrando artículo y abriendo boca, es el magnífico calambur que leemos en Bronwyn V : “cadáver da / cada verdad”.

Posteado por: dubbia | Febrero 23, 2009

Una cita de Ricardo Piglia.

“La novela moderna es una novela carcelaria. Narra el fin de la experiencia. Y cuando no hay experiencias el relato avanza hacia la perfección paranoica. El vacío se cubre con el tejido persecutorio de las conexiones perfectas, la estructura cerrada, le mot juste. Flaubert define ese camino, como decía Steve. Un hombre encerrado días enteros en su celda de trabajo, aislado de la vida, que construye a altísima presión la forma pura de la novela. La luz laboriosa de su cuarto que permanecía encendida toda la noche servía de faro a los barcos que cruzaban el río. Esos marineros por supuesto, dijo Steve, eran mejores narradores que Flaubert. Construían el fluir manso del relato en el río de la experiencia.”

De Prisión Perpetua, Anagrama, 2007, página 32.

Posteado por: dubbia | Febrero 16, 2009

CIRLOT (I)

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Existen en todas las literatura autores heterogéneos y marginales cuyo descubrimiento supone siempre una fuente de sorpresas y placer para el lector. Los heterogéneos, aquellos que se apartan de modas y tendencias y tentaciones extraliterarias y que siguen empecinados una senda propia y original, forman una tradición literaria al margen en la que suelen esconderse los tesosos más preciados. En la España de la dictadura fueron varios los poetas que exploraron senderos insólitos y singulares, tal vez extravagantes, y de entre todos ellos siempre me ha llamado poderosamente la atención la poesía de Juan Eduardo Cirlot.

Descubrí a Cirlot y su Diccionario de símbolos ya hace años, y esa obra se ha convertido un manual indispensable que tengo siempre a mano tanto para leer como para escribir. A su poesía llegué más tarde, en la edición póstuma de Leopoldo Azancot para la Editora Nacional (1974). Ahora ha sido la recuperación de su obra en los tres volúmenes de Siruela los que me han animado a disfrutar de nuevo de su lectura. Esta edición de En la llama, Bronwyn y, este mismo año, Del no mundo era absolutamente necesaria para poder acceder a la totalidad de una obra que durante demasiado tiempo, y a pesar de sucesivas reediciones, ha permanecido casi oculta y voluntariamente ignorada.

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Hablar de Cirlot excede, aún sin profundizar, los límites de un blog como éste, ya que se trata de un pensador único, un poeta de trayectoria inusitada y brillante, un profundo conocedor del arte, la historia, la religión, la música, la estética y otros muchos ámbitos. Es por ellos que éste se pretende el primero de algunos posts dedicados al creador del Bronwyn.

Como poeta, Cirlot se marginó voluntariamente de la poesía social o comprometida de la época y mucho más de los garcilasistas y de los catalanistas, se aisló posteriormente de los poetas de la experiencia y de cualquier otra moda, y emprendió un camino único y personal que, retomando la truncada senda de los surrealistas, le llevaría a una apasionada búsqueda de la trascendencia hasta su muerte en 1973.

Incomprendido por la crítica y oculto en la bruma del silencio por los que marcaban las tendencias del momento, Cirlot se embarcó, en la nave de una tradición ajena y con la vela de un estilo innovador y visionario, en la imposible búsqueda de la epifanía, de la revelación última, de lo sagrado. Y sufrió de forma trágica la escisión terrible entre la banalidad servil y rutinaria de lo cotidiano y el abismo infinito en que se zambullía armado de sus versos para explorar y hallar lo trascendente. En “El incendio ha empezado” podemos leer:

En esta conmoción llena de espacio
de distancias y muertes,
he de reconocerme en otros seres
y mirar otros rostros vacilantes
como si fuesen sólo el de mi luz.
(Pero yo nunca sé quién es nadie, ni qué me
pueden decir los que están ahí, inmóviles
como acantilados negros, en torno mío,
recubiertos de escarcha petrificada.)

Cirlot surcó con dolor el brumoso océano del tiempo, del infinito y lo eterno. Invocó a dioses y personificó y encarnó a diosas en una poesía cargada de misticismo y sentido religioso. Luchó contra los límites del conocimiento, del lenguaje, de la vida misma e incluso de la muerte. En esta exploración infinita innovó el lenguaje poético con fórmulas musicales y combinatorias, experimentó con el verso y con la palabra hasta llevarlos a los límites de sus posibilidades fonéticas, semánticas y simbólicas. Con Cirlot, la poesía española por fin recuperaba, como ya decía Azancot en su prólogo a la edición de 1974, esa senda iniciada por Blake y Hölderlin que entendía la creación poética como camino hacia la trascedencia, como revelación de lo sagrado y exploración del infinito, como una dirección misteriosa hacia esa totalidad hostil de la que nada sabemos. Por todo ello merece la peña acompañarle en su aventura. ¿Nos atreveremos?

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Sobre Cirlot en la red:

Posteado por: dubbia | Febrero 11, 2009

Colección de gazapos

Hilarante y divertidísima colección de gazapos y meteduras de pata la que nos regala el Centro Virtual Cervantes en su sección “Morderse la lengua“. No dejéis de visitarla y de echaros unas risas con ella.
Os dejo un par de muestras aquí para que vayáis abriendo boca.
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